| TELESUR: algo más que un canal de televisión |
|
|
|
|
Al hablar de integración latinoamericana, pocos latinoamericanistas hace referencia a un proceso de integración tan importante como los demás. Y en este momento histórico quizás aún más. Un proceso de integración de las telecomunicaciones, una televisión latinoamericana, pero no solamente. Un proceso de generación de un discurso político, económico, social, cultural, artístico, musical sobre el Sur, desde el Sur y para el mundo entero. Un proyecto que propone una visión de América Latina desde América Latina. El eslogan de Telesur no podría ser más explicito: “Nuestro Norte es el Sur”.
Un nuevo discurso en la “guerra mediática”
Mercosur, Caricom, Aladi, CAN, PPP, IIRSA, ALBA, Grupo de Río, Unasur… ¿Quién ofrece más? Cuando los latinoamericanistas quieren subrayar la diversidad, y gran confusión, de visiones económicas y políticas que siguen presentes (aunque agonizantes) en la región latinoamericana, solo les queda empezar el listado por la letra que prefieren. Grupos puramente políticos, proyectos de integración aduanera, foros o uniones de naciones, grupos parlamentarios, mercados comunes, tratados de libre comercio, proyectos de infraestructuras, energéticos, etc.
Sin embargo, casi ninguno hace referencia a un proceso de integración tan importante como los demás. Y en este momento histórico quizás aún más. Un proceso de integración de las telecomunicaciones, una televisión latinoamericana, y algo más. Un proceso de generación de un discurso político, económico, social, cultural, artístico, musical sobre el Sur, desde el Sur y para el mundo entero. Un proyecto que propone una visión de América Latina desde América Latina. El eslogan de Telesur no podría ser más explicito: “Nuestro Norte es el Sur”.
Y hablo de “discurso” porque cuando los comunicadores o los periodistas hablan de “objetividad” quieren hacernos entender que las informaciones no pueden tener un sesgo político o reflejar un compromiso social. Esta objetividad es la que el sistema de los grandes medios masivos ha estado defendiendo, sin embargo, generando y apoyando un discurso único. El discurso que sigue defendiendo un sistema mundo moribundo, para nada sostenible y autodestructivo. Un discurso que, de propósito, aleja de la información el compromiso social.
Como todos sabemos (aunque quieran convencernos de lo contrario), verdad hay una sola, la realidad es una sola. Pero también sabemos muy bien como esa verdad, esa realidad pueda ser vivida, contada, mostrada y proyectada de maneras diferentes, desde puntos de vista diferentes. En este mundo, el discurso sobre una realidad, sobre una verdad, es lo que viene construyendo la realidad misma; entonces sí, se crean varias realidades. En este proceso de comunicación y reproducción de la realidad, la primera víctima es sin duda la verdad, que nadie podría conocer al 100%, menos si vive al otro lado del planeta respecto al lugar de los acontecimientos.
Conscientes de esto, la importancia de generar discursos diferentes, dentro de la inevitable “guerra mediática”, ha llegado hasta el nivel global, dejando atrás las fronteras nacionales. Hoy en día, el ciudadano global “compra” también los discursos interpretativos de la realidad que todos vivimos. En este sentido, que nazcan y se difundan nuevas televisiones informativas globales como AlJazeera o Telesur (con sus diferencias, naturalmente [1]), desde lugares geográficos que no identificamos como el centro occidental (léase Europa y Estados Unidos), es un hecho que solo podemos aplaudir, porque amplía nuestras posibilidades de creer en el discurso que más se acerca, según nuestras percepciones, a la realidad. O que nos describe la realidad según el punto de vista que más nos interesa.
La necesidad de un Nuevo Orden Mundial de Información y Comunicación y Telesur
En el mundo de la Internet, está claro que las informaciones no pueden seguir siendo manejadas por las mismas agencias de siempre (léase Associated Press, Agence France Presse, Reuters y para los hispanohablantes la Agencia EFE) y sus fieles medios de comunicaciones. Los internautas, con frecuencia cada vez mayor, se dan cuenta de que los grandes medios (detrás de los cuales encontramos a grandes bancos, grandes empresas multinacionales, grupos e intereses económicos claros y obscuros al mismo tiempo) suelen construir un discurso muchas veces descaradamente lejano de la realidad, para entonces seguir manteniendo otra realidad: la realidad del capitalismo salvaje, de las crisis financieras, del consumismo y del crecimiento inagotable.
Desde y a través de la red se están gestando rebeliones, indignaciones y revoluciones; estos hechos no solo demuestran la decadencia de un sistema global que no responde a las necesidades básicas de los seres humanos (ni en regímenes autoritarios ni en las supuestas democracias representativas), sino que también reivindican mayor y mejor información sobre las decisiones de los potentes y las reacciones de los de abajo. La democratización de la información para la creación de un “Nuevo Orden Mundial de Información y Comunicación” (NOMIC) es implícitamente uno de los objetivos centrales de Telesur que en su misión declara: «Somos un espacio y una voz para la construcción de un nuevo orden comunicacional»[2].
Como muchas de las propuestas que surgieron durante los años ’70, el NOMIC quedó en el olvido y las grandes potencias hicieron de todo para enterrarlo. Sin embargo, nos queda un documento muy importante que lamentablemente pocos han leído. Se trata del Informe “Many Voices, One World” llamado también “Informe MacBride”, por el nombre de Sean MacBride, diputado del primer parlamento de la República de Irlanda, ex Ministro de Asuntos Exteriores, premio Nobel por la Paz en 1974 y también Premio Lenin (el equivalente soviético) en 1977. Entre diciembre de 1977 y noviembre de 1979, MacBride coordinó los trabajos de la “Comisión Internacional para el Estudio de los Problemas de la Comunicación”, apoyada en sus labores por la UNESCO. En esta comisión participaron sociólogos, periodistas, historiadores y otros profesionales de países de todos los continentes: desde los Estados Unidos hasta Egipto, desde Francia hasta Colombia (Gabriel García Marquez), desde Indonesia hasta Nigeria, desde Chile (Juan Somavia) hasta Japón; pasando por la ex Yugoslavia, Canadá, la ex Unión Soviética y otros.
En la introducción del documento, el mismo Sean MacBride subraya que «hay muchas opiniones divergentes acerca del significado del “nuevo orden” y de lo que deba abarcar, así como hay opiniones diversas sobre los medios que deban utilizarse para alcanzarlo. Pero a pesar de estas divergencias, no hubo nadie en la Comisión que no estuviese convencido de que se requieren cambios estructurales en el campo de la comunicación y de que el orden existente es inaceptable para todos”[3].
Durante la presentación del Informe, en la Sesión XXI de la Conferencia General de la UNESCO en Belgrado (octubre-noviembre 1980), las reacciones de los Estados Unidos y de Reino Unido (en plena ola ultraconservadora con la Thatcher ya primer ministro, y Reagan ganando las elecciones el 4 de noviembre), fueron muy fuertes: los dos países miembros abandonaron la UNESCO y se dedicaron a atacar abiertamente el director general de la Organización (Amadou-Mahtar M’Bow, quien fue prontamente removido de su cargo) y el mismo MacBride, «objeto de una campaña de desprestigio que minó toda su credibilidad pública, siendo acusado de sovietizante y de defender ideas que cuestionaban la libertad de expresión, al proponer restricciones al monopolio de las empresas de la infocomunicación»[4]. Hoy en día, tendríamos que retomar ese texto y ver cuánto de él aún sigue actual y cuáles de las recomendaciones aún deberíamos poner en práctica.
En cuanto a esas recomendaciones, Telesur aún está lejos de representar una alternativa real a la manera en la cual se manejan los medios, sobre todo en cuanto a la total dependencia de la financiación del gobierno venezolano y otros gobiernos. Si consideramos que la voluntad de sus fundadores era justamente la de una financiación pública sin intromisión de capitales privados, habría que preguntarles a los ciudadanos de los países accionistas si de verdad quieren que parte de sus impuestos o parte de los beneficios de las exportaciones de sus recursos naturales (como es el caso del petróleo en Venezuela) se destinen a financiar el proyecto Telesur. Sería un ejercicio interesante, porque habría que extenderlo también a todos los grandes medios que transmiten en señal abierta, para ver si de verdad cumplen con una función pública, y si así lo consideran los mismos usuarios. En este caso, el Estado tendría aún mayor razón y legitimidad para no renovar licencias de transmisión en señal abierta a canales que no desempeñan sus funciones. ¿Les dice algo el caso venezolano de RCTV? La libertad de expresión aquí no tiene nada que ver.
Una vez enterrada la idea del NOMIC, así como también de un Nuevo Orden Económico Internacional (otra necesidad urgente en el mundo de hoy), el camino para la globalización del proyecto de una “Sociedad de la Información”, con principios bien alineados con los intereses de las potencias occidentales (la expansión, liberalización y desregulación de los mercados infocomunicativos para la consagración de las empresas de los países industrializados), quedaba bien abierto y sin obstáculos[5].
Sin embargo, nadie hubiese imaginado que las nuevas tecnologías les habrían devuelto el tiro por la culata. No es una casualidad que el proyecto Telesur haya entendido y entonces aprovechado, desde sus inicios, la importancia de la Web (y de las redes sociales como Twitter y Facebook) para difundir su contenidos comunicacionales. Para los que no tienen cable o no tienen antena parabólica, la Internet sigue siendo el único medio posible para seguir viendo la programación de esta televisión. Por cierto, sin un segundo de publicidad comercial: la única publicidad transmitida es la que Telesur se hace a sí misma, o sea a sus programas, a sus noticieros, reportajes, documentales, etc.
El decisivo aporte del gobierno venezolano
Es difícil imaginarse un canal de televisión sin publicidad, sobre todo con la cantidad y calidad de contenidos que ofrece Telesur. De momento, esto es posible gracias a las aportaciones estatales que varios gobiernos latinoamericanos han decidido canalizar para que el proceso arrancase (el 24 de julio de 2005, aniversario del natalicio de Simón Bolívar) y cumpla hoy 6 años. El empujón más fuerte, desde sus comienzos, lo garantizó y sigue garantizándolo el gobierno venezolano, seguido por los gobiernos de Argentina, Cuba y Uruguay; y en un segundo momento por Ecuador, Bolivia, Nicaragua y República Dominicana. Este último como Estado asociado.
El Presidente Hugo Chávez entendió perfectamente que muchas de las grandes “batallas” se estaban gestando a nivel de los medios de comunicación: el “golpe mediático” de 2002 fue otra confirmación más. En Venezuela, entonces, se fue desarrollando desde abajo una miríada de medios comunitarios y de la base, mientras que desde arriba el gobierno iba reestructurando un panorama mediático donde predominan los grandes intereses privados que abrieron sus manos a una oposición ausente en el plano político, pero patéticamente urticante desde cualquier medio supuestamente informativo. El balance del espectro comunicacional sigue siendo en mayoría positivo para los grandes empresarios, pero lo estatal y lo público-comunal han ido ganando terreno, equilibrando la oferta de discursos, informando y también generando opinión pública.
Visto en su contexto histórico, el proyecto Telesur parecía tener raíces y finalidades políticas claras. Otro proyecto estratégico del Comandante Chávez, entonces también sesgado y poco independiente. Tenía que ofrecer el contrapeso a la hegemonía global de medios cuales la CNN o la BBC y al mismo tiempo empujar hacia la integración latinoamericana; pero también, por lo menos al comienzo, parecía claramente un nueva estrategia comunicacional del gobierno bolivariano[6].
Como recordaba Carlos Arcila Calderón a finales de 2005 (Telesur recién había nacido), «según el ex embajador de Venezuela ante la ONU, Milos Alcalay, la propuesta de una Televisora Regional, como vehículo para la integración, lo que realmente procura es servir como instrumento ideológico para la exportación de la Revolución venezolana. Explica que la nueva tribuna no está abierta ni a la disidencia ni al pluralismo, lo que puede ser entendido como un arma de filo político». Pero, ¿podemos seguir entendiéndolo de esta manera hoy en día? Las visiones internas y externas a Telesur son multiformes y distintas, como lo son los mismos pueblos latinoamericanos y las posiciones al interior de la Revolución Bolivariana. Sigue Arcila (2005), «el ex ministro de Comunicación e Información venezolano, Andrés Izarra, quien a su vez fungía como presidente de Telesur, presentó abruptamente su renuncia a la cartera ministerial, argumentando que ambos roles no eran compatibles para hacer una televisión de calidad e independiente. Izarra estaba en lo correcto»[7].
Si algo hemos entendido sobre los juegos de fuerza, el transformismo político y la corrupción presente en Venezuela es que no podemos entenderla. Quizás cambiar la sede de la televisión pueda ayudar, pero el fuerte papel del gobierno venezolano es preponderante. Lo cierto es que es difícil entender todo lo que puede haber detrás de un proyecto como este. Podemos apoyar o no la gestión gubernamental del Presidente Hugo Chávez, pero no hay duda de que si América Latina ha vuelto a tomar un papel más protagónico en el escenario internacional (aunque sea solo un panorama mediático), esto se debe en gran parte a la presencia histriónica del presidente venezolano y a los nuevos lazos que pudo o intentó construir a lo largo del continente latinoamericano. Telesur es una de estas construcciones estratégicas.
«Telesur es, sin dudas, un proyecto político y estratégico», subrayaba Aram Aharonian. «El objetivo es el desarrollo y la puesta en funcionamiento de una estrategia comunicacional televisiva hemisférica de alcance mundial que impulse y consolide los procesos de cambio y la integración regional, como herramienta de la batalla de las ideas contra el proceso hegemónico de globalización»[10].
Telesur y la integración latinoamericana
Para poder llegar a una audiencia comprometida pero lo más amplia posible, Telesur conformó un Consejo Asesor Independiente con figuras de alto prestigio como Adolfo Pérez Esquivel, Eduardo Galeano, Tariq Ali, Ignacio Ramonet, Richard Stallman y Danny Glover[11]. La diversidad de experiencias personales y profesionales convergía en una clara impostación antiimperialista y de resistencia, así como en el panorama político del continente se estaban conformando nuevas alianzas entre gobiernos con características distintas pero un elemento común.
Sus fundadores tenían las ideas claras: Telesur tiene que ser un catalizador de la integración latinoamericana. Como otros proyectos apuntan a la progresiva independencia del continente a través de los recursos energéticos, las infraestructuras, las estructuras económicas, del diálogo político, etc., Telesur tiene que crear una alternativa mediática capaz de desvincularse de los yugos que otros impusieron también a través del discurso.
Como la idea y la identidad europea deberían fomentarse también a través de programas educativos, culturales, de intercambios académicos, artísticos y otros, la misión de Telesur viene a ser la de repensar, producir y difundir contenidos propios desde América Latina. Recuperando la memoria histórica y enriqueciéndola con las realidades articuladas de la actualidad, Telesur trataría, por tanto, de aprovechar la colorida diversidad del continente para proponer un imaginario común, una identidad común; para conocerse y, por tanto, para escucharse y trabajar juntos.
Como proceso integrador, Telesur responde por lo menos a dos de los aspectos que Luis Razeto Migliaro, en Los Caminos de la Economía de Solidaridad (1996), considera diferencias centrales entre la constitución del Estado-nación y la deseable unidad latinoamericana: esta «deberá buscarse y construirse a través de un proceso de recuperación de todas las diferenciaciones y de todas las complejidades, el pluralismo y la heterogeneidad estructural existente en lo político, económico, demográfico y cultural». Si algo caracteriza la programación de Telesur es justamente la recuperación de «aquellas otras diferenciaciones que han sido olvidadas pero no eliminadas por el nacionalismo predominante». Debates entre latinoamericanos y desde Latinoamérica, sin que los latinoamericanistas españoles, o europeos y norteamericanos más en general, sigan monopolizando también este tema.
Entre las recomendaciones recogidas en el Informe MacBride se afirma que «los medios masivos deben contribuir a la promoción de la causa justa de los pueblos que luchan por la libertad y la independencia y por su derecho a vivir en paz e igualdad sin interferencia extranjera. Esto es especialmente importante para todos los pueblos oprimidos que, mientras luchan contra el colonialismo, la discriminación religiosa y racial, se ven privados de la oportunidad de hacer oír su voz dentro de sus propios países»[14].
En la misión del canal televisivo, se subraya que «TeleSUR es un multimedio de comunicación latinoamericano de vocación social orientado a liderar y promover los procesos de unión de los pueblos del SUR». Quizás sea por esto que solo a través de Telesur escuchemos términos como los de “guardacostas voluntarios de Somalia”, mientras todos los demás medios masivos hablan de “piratas”; o de integrantes del “movimiento para la emancipación del delta del Níger” en Nigeria, cuando las grandes empresas petroleras de todo el mundo se empeñan a que se les califique de “terroristas, secuestradores o delincuentes”. El desconocimiento de las raíces de los problemas en países “lejanos”, como lo pueden ser los países en desarrollo para la opinión pública europea o norteamericana, lleva naturalmente a una información sesgada y que muy poco representa la realidad.
En esta óptica, desde 2006, Telesur y Aljazeera desarrollan capacitaciones de personal conjuntas, intercambian informaciones y recursos técnicos. Telesur tiene varios corresponsales en África y Oriente Medio, muy importantes sobre todo en esta coyuntura. Además, Telesur se transmite desde muchas plataformas de medios comunitarios y de la base, en varios países de América Latina, tanto en su versión audiovisual completa, como en versión audio a través de los medios radiales.
«Telesur es una apuesta revolucionaria», sigue Aram Aharonian. «Una forma y un intento de cambiar los paradigmas para romper con más de 500 años de verse con ojos extranjeros y empezar a verse con ojos propios, latinoamericanos, que representen los intereses de la región. Volver a ganar la autoestima de los latinoamericanos, ir a la recuperación de la memoria histórica para saber de dónde venimos y saber adónde vamos, porque si no, el destino siempre nos lo impondrán los de afuera».
Sin embargo, todavía falta mucho por hacer. Hay muchos periodistas en Telesur que trabajan por un sueldo y no por un proyecto alternativo; o sea se han convertido en periodistas al estilo CNN, hasta en sus trajes y corbatas: «El desafío es el de informar y formar. La idea debe ser trabajar colectivamente y combatir el individualismo […] En América Latina no sabemos lo que es la formación de ciudadanía […] lo que se necesita es una visión permanente y transversal en toda la programación».
La programación y sus contenidos
A mi juicio, la programación de Telesur aún tiene que llegar a ser plenamente atractiva para el más amplio público. Digamos que se concentra demasiado en la parte informativa y muy poco en la parte de entretenimiento. Y la televisión también debe ser entretenimiento. En este sentido, Telesur debería pensar en un tipo diferente de entretenimiento; por ejemplo, menos vulgar, menos superficial y menos violento del entretenimiento televisivo al cual estamos acostumbrados a través de los otros canales. Podría pasar películas latinoamericanas más veces a la semana; juegos, partidos u otros deportes en vivo; conciertos en vivo de grupos pequeños y poco conocidos. Muchos son los caminos que Telesur podría emprender, pero sin olvidarse de su visión y sus objetivos principales.
A pesar del carácter principalmente informativo (en sus diferentes formatos, pero básicamente informativo), en la actualidad la programación es muy variada. Vamos a hacer un pequeño recorrido por sus principales programas.
En el programa “Agenda Abierta” se analiza la prensa internacional, pero no la prensa oficial, sino un tipo de prensa que normalmente ningún periodista de televisión o de grandes medios presenta a la opinión pública durante sus programas: se leen titulares de periódicos o revistas como El Ciudadano (Chile), Prensa Latina (Cuba), Diagonal (España), La Página (El Salvador), Correo del Orinoco (Venezuela), Página 12 (Argentina) y muchos más… Nada de New York Times, El País, Le Monde, Frankfurter Allgemeine Zeitung; nada de El Mercurio (Chile), El Tiempo (Colombia), Folha de São Paulo (Brasil), El Universal (en todas sus versiones nacionales) o El Comercio (Perú). En “Dossier”, el periodista Walter Martínez analiza los principales hechos de la política global (sobre todo desde el punto de vista geopolítico y militar) de “nuestras querida, contaminada y única nave espacial”. Walter Martínez nos ha contado cotidianamente, como pocos han hecho, los pantanos iraquí y afgano, o la colonización israelí de los territorios palestinos.
“Mesa Redonda Internacional”, desde La Habana, es un “espacio semanal de una hora, que permite el análisis de temas de actualidad con la ayuda de panelistas especializados”[15]. El programa “Reportajes teleSUR” da espacio a “25 minutos de periodismo investigativo, que buscan entregar al espectador diferentes perspectivas y opiniones sobre un tema en particular, extraído de los acontecimientos noticiosos que impactan e influyen a Latinoamérica y el mundo”[16].
“Caminos al Sur” está dedicado a la historia de un pueblo, una región o una ciudad latinoamericana y sus culturas. En “Memorias del fuego” se presentan documentales de autores reconocidos y que han sido exhibidos en los festivales de cine documental más importantes del mundo. En “Zona Verde” se profundizan los principales problemas ambientales que azotan nuestra Madre Tierra.
Todos los días, y varias veces al día, se da espacio a las noticias; 5 veces a la semana se presentan las noticias en lengua portuguesa y 3 veces a la semana con lenguaje de señas. Desde hace poco también en inglés. Cada sábado, en “Síntesis” se retransmiten las noticias más relevantes de la semana, las que se presentaron durante las noticias diarias.
El programa “Justo al medio” profundiza las razones de las políticas editoriales de los grandes medios de comunicación masiva. Los intereses que hay detrás de éstos y lo que se refleja en sus programaciones. “Impacto Económico” está asumiendo cada vez más importancia en la programación de Telesur, sobre todo en este momento histórico. En este programa, no solo se analizan las causas y las consecuencias de las diferentes crisis globales, sino que se profundizan temas productivos, de consumo, de políticas económicas tanto desde los distintos países de América Latina, como desde una visión continental.
“Sala A” propone entrar al mundo del cine y de los documentales latinoamericanos, a través de entrevistas directas a los directores y realizadores; mientras que “Mp3” nos hace viajar a lo largo del continente descubriendo todas las tradiciones y el folclore musicales de los cuales el panorama latinoamericano es particularmente rico.
Telesur siguió manteniendo los focos encendidos en Honduras cuando todo parecía ya “resuelto”. Nos ha mostrado muchísimas grabaciones, reportajes e investigaciones sobre el intento de golpe en Ecuador. Nos ha acercado a las luchas de los emigrantes latinos en Arizona y otros estados de Norteamérica.
Nos ha contado las movilizaciones de los indignados españoles desde adentro; las marchas de los “pingüinos” chilenos ya desde mayo de 2006; el equipo de Telesur fue el único que logró realizar un documental (Fuego sobre el Marmara) sobre lo que sucedió en la “Freedom Flotilla”, durante su viaje para romper el bloqueo naval de la franja de Gaza. Y lo hizo dando voz a varios activistas que protagonizaron esa expedición. Telesur sigue contándonos los conflictos más olvidados del planeta: por ejemplo, el del pueblo Saharaui.
El canal ha roto el cerco informativo en Libia, describiendo la otra cara de la moneda, haciéndonos reflexionar sobre los acontecimientos y acusando claramente la fabricación, afuera del país, de algunas de las noticias que los grandes medios internacionales estaban difundiendo: por ejemplo la llegada a la plaza verde de Trípoli mucho antes que aconteciera de verdad. Y más… si Berlusconi firma un tratado de amistad y cooperación con Gadafi, si de él aprende la “gestión” de harem femeninos personales, si el ya ex líder líbico invirtió fuertemente en la agonizante empresa automotriz FIAT, y después el gobierno italiano apoya las operaciones militares de la OTAN en Libia, algo raro está pasando. ¿O no?
El canal da espacio a analistas latinoamericanos para comentar las crisis europeas, hablando de Europa y sus debilidades: es el mundo al revés, para una opinión pública internacional acostumbrada a escuchar a los blancos europeos hablar de cómo los latinoamericanos deberían “desarrollarse”. Nos ha mostrado la pobreza en los Estados Unidos a través de los documentales “Pesadilla americana”, y también la realidad de otra pesadilla: el sufrimiento constante del pueblo haitiano. Es la única gran cadena internacional que habla explícitamente de “auto-atentando” para el caso de las torres gemelas.
Hemos conocido, a través de varios documentales, distintas problemáticas que de otra forma quedarían en el olvido: como es el caso de “IngerenCIA, la invasión silenciosa. La CIA contra la Revolución Bolivariana”, o de “Guerreros del Arco Iris” documental sobre las luchas de los pueblos originarios bolivianos hacia la aprobación de un Estado plurinacional y sus resistencias en contra de la represión racista y violenta de los independentistas cruceños.
¿Un futuro incierto?
Si bien Telesur está presente, y cada día más, su futuro parece incierto a los ojos de muchos analistas de medios de comunicación. Es cierto que la dependencia del gobierno venezolano puede comprometer su imparcialidad y su vocación de televisión alternativa, pero también es cierto que los grandes medios privados mundiales no garantizan ni objetividad, ni imparcialidad; y ni siquiera independencia de los poderes políticos de partido, que les garantizan apoyo estatal cuando se necesita.
¿Qué pasará si un cambio de rumbo en Venezuela trajera consigo una vuelta al esquema comunicacional anterior y entonces a la desaparición de la propuesta Telesur? En este sentido, el proyecto de una televisión realmente integradora y latinoamericana debería asumirse con más fuerza también desde los otros países latinoamericanos. Visto la inversión mínima que hasta el momento ha tenido Telesur, podemos perfectamente pensar que otros países inviertan más y mejor para el desarrollo del canal.
Pero, por ejemplo, ¿qué intereses puede tener Brasil en apoyar Telesur, cuando por su cuenta está desarrollando “TV Brasil Internacional” y se está proponiendo al mundo como verdadera potencia emergente y como actor principal en la política exterior del continente?
Si lo consideramos verdaderamente como un proceso de integración, Telesur debería tener un firme compromiso multiestatal. ¿Podría Telesur consagrarse al interior de un proceso integrador como Unasur que actualmente tiene pretensiones de convertirse en el proceso de largo plazo más importante de Suramérica y, quizás pronto, también de América Central y el Caribe?
Personalmente creo que pudiera ser un camino interesante y desafiante. Si Unasur de momento ha logrado convertirse en un verdadero actor político para el subcontinente, quizás Telesur pudiera convertirse en la plataforma ideal para su discurso. Sin embargo, tendríamos que preguntarnos ¿qué papel jugarían países como Colombia, Perú y Chile que han estado notoriamente alejados de este proceso de integración comunicacional? El cambio de gobierno en Perú podría ahora acercar el país al proyecto Telesur. La disponibilidad al diálogo de Santos quizás también. Con el Chile actual aún me quedan las dudas.
Pero un camino de este tipo, a mi juicio, tiene una ventaja y una desventaja evidentes: por un lado podría limitar la preponderante presencia de Venezuela en la programación del canal, y entonces convertirlo poco a poco en un canal verdaderamente latinoamericano; por el otro, podría perder gradualmente la visión alternativa y contrahegemónica y apoyar también los viejos discursos que siguen presentes en las élites del continente y que siguen representados en algunos gobiernos de la región. Élites que en futuro podrían volver a gobernar en otros países desde donde ahora se apoya Telesur. Sin embargo, esto es el juego democrático y la variedad cromática del abanico latinoamericano.
Quizás el ciclo de elevada creatividad aún no haya terminado, y tengamos que esperar varios años para empezar un ciclo de consolidación y fortalecimiento del proyecto. Sobre todo en óptica integracionista. Por ahora, estoy sentado en el mueble, con el control en mis manos… entre CNN, BBC, FOX o Telesur ya sé que canal voy elegir. ¿Y Ustedes?
1 Para ver una interesante comparación entre Telesur y Aljazeera léase Cañizález, Andrés y Lugo, Jairo (2007), «Telesur: estrategia geopolítica con fines integracionistas», en CONfines 3/6, agosto-diciembre de 2007. 5 Barcía Magaz, José Vicente (2010: p. 210). 6 Cañizález, Andrés y Lugo, Jairo (2007: p. 56). 8 Sal-Lari, Andrés, «¿Otra vez Telesur?», en Aporrea.org, 27 de noviembre de 2008. 9 Pardo, Eloy, «Entrevista a Aram Aharonian, vicepresidente de Telesur Aram Aharonian: "Telesur está tomada por ineptos, contrarrevolucionarios en el amplio sentido de la palabra”», 18 de noviembre de 2008, Mundo Hispano, en http://www.alainet.org/active/27533&lang=es. 11 Cañizález, Andrés y Lugo, Jairo (2007: p. 56). 12 Ver el programa “Diálogo Bicentenario”. 13 Fundación DESC Guatemala, «Telesur, un proyecto político y estratégico», 12 de agosto de 2011. 14 MacBride, Sean y otros (1980), Un solo mundo, voces múltiples. Comunicación e información en nuestro tiempo, Edición del Fondo de Cultura Económica, México (mayo de 1993), p. 234. 15 Véase: http://www.telesurtv.net/secciones/programacion/index.php 16 Véase: http://www.telesurtv.net/secciones/programacion/index.php
|
| < Anterior | Siguiente > |
|---|











